ZONA DE FLUJO

MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES. 2017.-

 

“El paisaje es la naturaleza proyectada en la imaginación.”

 – Juan Agustín Barriga

 

Proyecto realizado en el Museo Nacional de Bellas Artes en el contexto de la

exposición Movimiento de Tierra.

Proyecto: Zona de flujo

Video: Camino interior

Concept video

Texto y curaduría: Pedro Donoso

Entre Tunquén y el Totoral, región de la costa central de Chile, se extiende un paisaje de lomas cubiertas por bosques de coníferas, eucaliptos y algunas especies nativas. Al interior de ese espacio forestal, Cristián Velasco ha mantenido una relación de comunicación con Felipe Quezada, miembro fundador de Totoral Lab. Durante meses han puesto en marcha una serie de actividades esporádicas, cubriendo ese territorio jalonado de árboles. Esta forma de intercambio de gestos en el paisaje a veces se traduce en el simple hecho de encontrarse, dar unos pasos juntos, intercambiar ideas, marcar el espacio. Un gesto precario cuya significación desarrolla y potencia una relación vecinal extendida entre dos artistas que recorren un campo natural con pequeños muescas, señales leves. A partir de esa rutina, entre doméstica y forestal, se ha construido la pieza de video Camino interior, un trabajo colaborativo cuyas imágenes evocan un ejercicio de convivencia con los elementos que del entorno a partir de la performance en ese escenario silvestre. El concepto de lo limítrofe, del territorio y del desplazamiento son las claves de esta investigación.

“Los principales elementos que motivan este proyecto”, señala Velasco, “tienen que ver con el territorio y el desplazamiento. Esto se ha dado de manera bastante orgánica en el tiempo para mí, después de que hace cinco años decidí trasladarme de Santiago a Tunquén, donde construyo una forma de vida y un sistema de producción. Paralelamente a esto, mi amigo y artista Mr. Trafix se instaló en El Totoral, una zona rural cercana a Algarrobo, con la misma intención de generar obras y reflexiones a partir de la forma de habitar y relacionarse con el paisaje. Para hablar de este desplazamiento y de un lugar aquí y de un lugar allá me parece muy importante el concepto de límite que, de alguna forma, es lo que marca el inicio de la distinción de los caminantes.”

La condición nómade contribuye a la creación libre de un territorio, tal como la danza que da un nuevo aire al lugar donde se desenvuelve. El sólo acto de caminar puede hacer las veces de una “primera acción estética” que penetra “en los territorios del caos, construyendo un nuevo orden”, como sostiene el arquitecto Francesco Careri. En el caso de la acción de Velasco y Totoral Lab, instalados en un territorio en el que han echado raíces, sus prácticas hablan de arte y de un recorrido psicogeográfico por el entorno boscoso que alienta la construcción espontánea de modos de uso y tránsito.

“Para mí el arte tiene una condición fundamental: está ligado a un contexto. La naturaleza, y más concretamente el paisaje, se relaciona con el espacio que habito. Lo que me rodea, lo inmediato es aquello con lo que me relaciono con permanencia y marca mi comportamiento.”

Como señala Velasco, su acción no se limita a una contemplación pasiva, sino que involucra todo el cuerpo hasta dar con una manera de vivir. Esa es la característica central, un enfoque como el de Zona de flujo en el que la naturaleza no es una zona remota donde aún subsisten ciertas especies raras. Tampoco es un lugar al que se acude de visita para retratar o fotografiar. Más bien es un sustrato inmediato que obliga a la creación de ciertas soluciones para sobrevivir, tal como siempre ha sido. Hay que inventar una forma de estar, un modo de ser ahí entre los fenómenos del entorno que ofrecen su presencia: sintonizar. “El arte, tiene que ver con la observación, con la percepción y una sensibilidad que sale de mi cuerpo al vincularse con el medio inmediato que me rodea”, afirma Velasco.

Zona de Flujo ofrece también una experiencia de “destierro”, un acercamiento extraño a la geografía de otro lugar. El traslado de una importante cantidad de tierra desde Tunquén al Museo configura un paraje en miniatura dentro de la solemnidad institucional. Acordonado por una cerca de trenzado vegetal, el límite entre Naturaleza e Institución resalta como división esencial entre lo natural y lo cultural. Al pasar a la sala, el visitante queda atrapado en la separación, no hay afuera:

“Me encantaría pensar que la gente reflexione sobre esa autoridad que ejerce un cerco que divide y separa lo que en la Naturaleza es continuo, ilimitado. Lo interesante es encontrar un pedazo de paisaje absurdo, intercalado en una esquina del museo, donde la naturaleza domina al hombre, en contraposición con la habitual y egótica intención humana, donde el hombre cree dominar la naturaleza”